Machincuepas
Rosario Segura
Al parecer el diputado Emeterio Ochoa descubrió el hilo negro… aunque siempre ha tenido enfrente la madeja: los partidos están “coartados”, dice, porque sus dirigencias no les permiten tomar decisiones ni construir alianzas rumbo al 2027. Vaya novedad.
Porque si algo ha caracterizado históricamente al Partido Revolucionario Institucional —como al resto de los partidos en México— es precisamente el centralismo en la toma de decisiones. Hoy, desde la incomodidad de la oposición, se denuncia lo que durante décadas fue práctica común. Ironías de la política.
Ochoa plantea que se requiere libertad para decidir si competir en coalición o en solitario, con perfiles propios y respaldo de la militancia. Suena bien en el discurso, pero la pregunta obligada es: ¿libertad para quién? ¿Para las bases o para las élites locales que buscan reacomodarse de cara al 2027?
También señala algo grave que no debería pasar desapercibido: la parálisis en comisiones dentro del Congreso del Estado. Denuncia que algunas, como la de Seguridad, ni siquiera han sesionado desde su instalación. Aquí la crítica deja de ser retórica y se vuelve preocupante. Si el Poder Legislativo no trabaja, no es solo un problema de mayorías o minorías, es un problema de responsabilidad pública.
Eso sí, el propio diputado reconoce que será complicado que las iniciativas de la oposición prosperen ante la mayoría de Morena. Una admisión que, más que denuncia, suena a resignación institucional. Y mientras tanto, los ciudadanos siguen esperando resultados.
Pero donde la jiribilla política asoma con mayor claridad es en su guiño hacia Antonio Astiazarán, al sugerir que el PRI debería arropar su proyecto rumbo a la gubernatura de Sonora. Traducido al lenguaje político: colgarse de una alianza para seguir existiendo. Nada nuevo bajo el sol, pero sí bastante revelador.
Finalmente, Ochoa deja en suspenso sus propias aspiraciones: que si la alcaldía de Cajeme, que si una diputación local o federal. Lo importante, dice, es participar. Y ahí está quizá la clave de todo el discurso: más que una reflexión de fondo sobre la vida interna de los partidos, parece un posicionamiento personal en la antesala del proceso electoral.
Porque en política, cuando alguien habla de libertad, alianzas y falta de condiciones… casi siempre está hablando también de sí mismo.

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